Hoy no quería publicar. Y sin embargo aquí estoy, escribiendo.

La escritura para mi es, a la vez, instrumental, ritual y terapéutica. Yo practico para hacer de la escritura parte de mi propia identidad.

Hoy no quería publicar. Y sin embargo aquí estoy, escribiendo.
Photo by Glenn Carstens-Peters / Unsplash

Seamos claros desde el principio: yo hoy no tenía ganas de escribir. O mejor dicho no tenía ganas de publicar.

Ha sido un día bueno pero largo. Es Viernes. Llevo diecinueve días seguidos publicando. Siento que se me acaban los temas y ninguno de los libros que tengo ahora mismo empezados estira todavía como para reflexionar.

Y aquí estoy, a las 23:40 con una lista de Spotify de musica electrónica en los cascos y medio a oscuras, escribiendo un artículo en el que no creo que pueda dar ninguna opinión, plantear ningún debate ni enseñar nada. Así que sería fácil y justo decir que la publicación de este post me la podría haber ahorrado.

La cuestión es que haberme lanzado a la burrada de 101 piezas de contenido quizá haya sido mucho, pero el reto es, precisamente, enfrentarse a dias como hoy en los que no salga un buen artículo pero salga uno.

Yo no estoy vendiendo ningún producto específico, no soy empresario ni autónomo. En el sentido más habitual de la expresión, podríamos decir que no vendo nada. Así que mi intención al escribir no es atraer público a mi web para nada más que leer.

Yo practico para hacer de la escritura parte de mi propia identidad.

Escribo porque los escritores escriben, así de sencillo. Así me siento, así que trabajo en manifestarlo en mi día a día como un hábito.

La escritura para mi es, a la vez, instrumental, ritual y terapéutica.

Pero a pesar de ser consciente del valor que me aporta es fácil, muy fácil, dejar de hacerlo y entrenar el hábito de no escribir. Escritor es aquel que escribe y escribir es pensar mejor. Yo quiero pensar mejor, así que aquí sigo a las 00:10 trabajando el hábito, haciendo músculo.

Si quieres escribir mucho y quieres escribir bien, es necesario privar a la escritura de ese halo mágico de creador torturado y entender que tiene técnica, que necesita práctica, disciplina y dedicación. Escribir cuando no tienes realmente ganas es, simplemente, ser coherente. No se trata de sacrificio: odio esta palabra.