Huir y llegar

Huir y llegar
Photo by Pavel Orange / Unsplash


Mini relato:

Pedaleo como si acabase el mundo porque es así. Al menos el mío sí.

Y si no se termina porque no llegue a tiempo, lo hará porque voy a matarme driblando coches en medio de la tormenta. Apenas veo y ya no sé si es por el agua que se escurre por mis gafas o estoy cegado de tanto pensar deprisa. Las luces de los coches deslumbran tanto como los relámpagos y las piernas me queman tanto como el tambor que me va a reventar el pecho. Me pasan rozando pero el miedo no me deja caerme. Unos pitan, otros gritan, algunos ni siquiera me ven pero no puedo dejar de mover las piernas.

El teléfono ha dejado de vibrar en el bolsillo, pero no sé si se ha ahogado o simplemente me da la señal de que puedo dejar de jugarme la vida. Igual es que hace rato que la he perdido aunque consiga llegar sin matarme. Oigo la agónica monotonía de las ruedas girando sobre el asfalto mojado pero se confunden con mi propio jadeo angustiado. El frío me cae como un glaciar quemándome la espalda y se me hielan los pies con el agua caliente que salpican los charcos.

De repente, los truenos dejan de hacer temblar el cielo, no oigo nada pero nada de se detiene. Todo se queda en grises en medio del fulgor de blancos, rojos y azules que me deslumbran. Me paro en seco, la bici cae al suelo y desde el coche de atrás me gritan como si fuera el fin del mundo.

Grita todo lo que quieras porque eres otro más de los silencios que me rodean y me están vaciando el alma. Tus faros sólo proyectan una larga sombra mía.
¿No ves que ahora son los coches quienes me esquivan a mí? ¿No ves que ahí delante se acaba de terminar todo?